Visito a mi abuela los domingos,
Camino por su calle
en población La Palmilla.
Olor a caca de gato y aromo,
adherido a las murallas
de la infancia.
Es mi niña bonita
con su carita de rosa,
dice.
Todas íbamos a ser reinas,
digo.
Infancia de barro,
bicicletas y de sol,
Trenzas,
Trenza tu pena niña,
Que peleando por unas chauchas,
no tendrás calor para ese corazón huacho.
Tarjetas con dibujos para mi padre,
almacenadas en una caja de zapatos
escondida en un closet viejo,
que nunca fueron entregadas a su destinatario.
Siglos de colonización,
de corazones huachos.
Herencia del abandono.
II.
Llevo días soñando con pájaros,
ellos me encuentran.
Caminando por las calles,
aparecen susurros en pajarístico;
Pequeños sonidos indescifrables en el matorral.
Hay que saber escuchar
el canto de alerta del chercán
tan diminuto,
que desaparece en el ruido de fondo de la ciudad.
Después de caer mil veces al vacío
a ese vacío que nos arrojamos
cuando fijamos en la retina otras retinas,
después de pasar y dejar pasar.
Incluso ya habitando una extensa primavera,
De pronto aparecen
los inviernos crudos del sur
y sus bosques
esos bosques espesos.
Sus lagunas, pampas
y las ganas de nadar,
de navegar en lo profundo de esas
lagunas verdes que nos recuerdan
los bosques y el sol de invierno,
el canto de los pájaros,
y quizá una oscuridad escondida
de ñiño terrible.
Quisiera acurrucarme en un rincón
de esas lagunas,
escuchar a los chucaos y rayaditos
cantando desde los árboles
en su lenguaje transparente,
pero hay una distancia profunda
entre la nadadora y sus lagunas,
debe conformarse la nadadora
con contemplar desde una orilla.
Mi país
tiene
una muñequita de trapo
que soy yo,
alguien arrojó
diago
nal
mente
todas estas cosas,
muñequitas de trapo
que soy yo.
Los habitantes de mi país
tienen una pierna rota,
tienen una pena tan grande,
que a veces temo
que se vayan en el sueño.
Mi país
es
una urdimbre
de retazos,
una bandada de pájaros
yendo hacia ningún lugar,
un entramado
de colores,
alguien se perdió
más de una vez
aquí,
entre la habitación
y el baño.
Mi país
es
una herida
en el sur,
y el patio trasero
del norte.
Mi país
no
cabe en tu país,
pero a veces
puedo recortarlo
y darte un pedacito si quieres.